Lo que sabemos es una gota; lo que ignoramos un océano
Lo que sabemos es una gota; lo que ignoramos un océano

Agua, mi compañera

Creado el 24 de Abril de 2014


Tengo ganas de compartir con vosotros el cariño y la gratitud que siento hacia Agua que es mi compañera de viaje en este tramo de mi vida.
Llegó a casa el 11 de febrero de 2005 y era una menudencia que pesaba 700 g, ¡cabía en el hueco de mi mano! Ahora ya es una señorita, ha crecido lo que corresponde a un pincher enano y pesa 2,750 kg. ¡Todo un “personaje”!

Como tantas cosas en la vida, la encontré por “casualidad”.
Cuando mi inolvidable perro Chobi me dejó, mi hijos y algunos amigos querían regalarme otro. Sin embargo, la idea de “a rey muerto, rey puesto” no me sedujo y decidí vivir el duelo el tiempo necesario.
 

Tres años después empecé a sentir la necesidad de tener otro animalillo a mi lado y pensé que debía ser perra para no tener problemas con Scott (mi “perrinieto”), que es macho.
 

También la quería pequeña para evitar pasarme la vida haciendo “esquí acuático” al sacarla a pasear, como me ha ocurrido con otros perrillos; y de poco pelo. La cosa no parecía fácil puesto que yo pretendía encontrarla en alguna perrera y no hay animales de estas características como pude comprobar después de recorrer algunas, ver posibilidades por internet, etc.

Un feliz día de febrero, acompañé a mi hijo a unas diligencias a Sabadell y mientras él hacía su trabajo yo entré en un establecimiento de venta de animales. Pregunté si tenían de esta raza y, efectivamente. Había dos, un macho negro y una  hembra castaña. Estaban los dos dándose calor y formando el círculo del yin-yang con sus cuerpecitos.
 

Fue amor a primera vista. Ella me miraba con ojos aterrorizados. Ni idea de qué vivencias había tenido  en sus tres meses de vida aunque estaba claro que al separarla de la madre estaba muy triste.


Desconozco en qué condiciones viajan estos cachorros (seguramente prefiero no saberlo) y ella procedía de Eslovaquia. Imagino que todos los cambios experimentados la tenían más que atemorizada.

Dos días después la fui a recoger y esa misma noche vinieron mis hijos a conocerla. Se enamoraron de ella al instante. También mi primo, que me había acompañado a diferentes perreras, vino a conocerla al día siguiente y le regaló un capazo, un juguete para morder y chuches.
 

Inmediatamente fue nombrado padrino de la recién llegada.
Y sin más preámbulos empezó su etapa de “sociabilización” ya que la llevamos en coche a casa de su padrino, estuvo disfrutando del campo con sus “primos” perrunos y empezando a adaptarse a su nueva vida.

La madrina es mi amiga María a quien me une una amistad muy particular ya que hemos vivido muchas “aventuras” (y alguna que otra desventura) juntas. Una de ellas fue acompañar a su perrilla Nube en su último trance.


Evidentemente, además de mimarla, lo primero que hice fue prepararle una fórmula floral para sus miedos, para el cambio drástico, para que no se hiciera la dueña de la casa y respetara ciertas normas (poquitas…) y aprendiera a ser una chica limpia y obediente. La fórmula primera que le preparé tenía: Star of Bethlehem, Chestnut bud, Chicory, Mimulus, Cosmos y Mariposa Lily


Yo no había utilizado Cosmos para los hábitos perrunos, esa fue una indicación de la Dra. Olazo. Lo cierto es que funcionó y a la semana ya le quité Star porque era tan feliz que el trauma había desaparecido por completo. El resto continuó durante un tiempo.


Agua pronto hizo su primer viaje en coche, ya que en Semana Santa fuimos a Calpe a casa de la Dra. Clelia Olazo donde pasamos unos días inolvidables y Agua disfrutó de los mimos de Clelia y jugó con una pelotita de su tamaño.
 

Ya adaptada a su nueva vida, se ha  convertido en una compañera perfecta.  He descubierto muchas cosas y he aprendido otras. Nunca había tenido un perro hembra y observo, con curiosidad, su coquetería, sus “posturitas” femeninas y graciosas y disfruto con sus juegos.


Ha deshilachado completamente su primer regalo, el mordedor de colores con el que cambió los dientes de leche y ha sido traviesa y divertida. Pronto empezó a poner las orejas tiesas y, la verdad (¿será  “pasión de madre”?) está preciosa.

Cuando vamos hacia el aeropuerto no sabe si alguien llega o alguien se va y cuando quien llega soy yo, tanto ella como Scott montan un escandalazo impresionante. Vamos, que no pasan desapercibidos.

 

Scott es un chico muy pacífico y desde que está Agua en casa le vemos más cariñoso y juguetón. Esta chica de cuatro patas (largas y esbeltas) nos está cambiando un poco a todos y dando muchas alegrías. Yo creo que a estas alturas Agua ya es mejor terapeuta que yo…
 

Con ella he vuelto a conectar con el amor incondicional, eso que es tan complicado para los humanos y no para las mascotas que son todo generosidad. He vuelto a compartir confidencias y sabe escuchar como pocos. Siempre está dispuesta a que le cuentes y te besa las manos cuando la acaricias. No sabe recibir sin dar a la vez, es el equilibrio perfecto. Cierto que es ladrona y hay que vigilar con la comida porque es tremenda… y le gusta todo, las ensaladas (aliñadas, eso sí), las verduras, las frutas. Enloquece por un trocito de fresón o de endibia y a mí me divierte muchísimo. 


También es muy “broncas” por la calle, ladra como una enloquecida y se le crespa el pelo del lomo. Se enfada con la escoba del basurero, con cualquier carrito de la compra, con una maleta,  todo lo que tenga ruedas la enfurece. Pienso que es tan chiquita que debe ver todo esto como una amenaza. Muchas personas le dicen cosas porque, realmente, llama la atención y entonces se pone pizpireta y cariñosa. Es un disfrute constante.

Todo esto puede resumirse en un dar gracias a la vida que me está permitiendo, en estos momentos, gozar de la compañía de Agua, disfrutar de su cariño y compartir instantes únicos en los paseos, en las comidas, en nuestra comunicación y durante el descanso. Me da tanta felicidad que a veces casi cuesta creerlo.

¿Tienes mascota? Si la tienes, ya sabes de qué te estoy hablando…

Gracias por querer compartir esta vivencia con nosotras.

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