Lo que sabemos es una gota; lo que ignoramos un océano
Lo que sabemos es una gota; lo que ignoramos un océano

Acompañando los procesos del tránsito

Original publicado el 3 de Mayo de 2014

 

Aprender a morir es algo que parece difícil de comprender y de alcanzar en una cultura como la nuestra, confabulada para negar el dolor, la enfermedad, la vejez y la muerte gracias, entre otras cuestiones, al desarrollo desmesurado de la tecnología que agrega poco o nada a la conciencia de vulnerabilidad y de finitud. Ya Freud afirmó que “la propia muerte es inimaginable, en el inconsciente estamos convencidos de nuestra inmortalidad” y hacia ella vamos cultivando nuestro narcisismo y omnipotencia ya que el auge de las tecnologías nutren nuestra ilusión de dominio sobre la realidad, ilusión que nos mantiene infantiles, ingenuos e ignorantes. Creemos que no nos va a pasar nada. O bien, si nos pasa, que lo vamos a poder superar o que si pasa “algo”, les pasa a los otros. Sin embargo, ese “otro” de cuya muerte hablamos o a cuya muerte asistimos, refleja inexorablemente nuestra propia muerte.

La vida se define por la muerte. Los ciclos de vida son ciclos de muerte. Los ciclos de vida y de muerte son ciclos de compromiso, solidaridad, creación, curación, reparación, entrega, crecimiento, ruptura, separación, pérdidas, conflicto, crisis, duelos, enfermedad, muerte.

Aprendemos poco. Este es uno de los dramas de nuestro tiempo. Aprendemos poco de lo que vivimos porque estamos ocupados en aprender a conducir, manipular y controlar aparatos, personas, vínculos o situaciones y finalmente nos enajenamos. La enajenación no es ingenua: nos sirve para evitar una realidad que nos disgusta y sin darnos cuenta (o, mucho peor, dándonos cuenta) contribuimos a construir una filosofía de vida patética, trivial y sórdida porque excluye el dolor, la enfermedad, la muerte

Somos rehenes de una cultura que exalta y adora lo exterior. Crece y se desarrolla la industria de la cosmética, maquillajes, postizos, prótesis. Nos sometemos a cirugías severas, vaciamos, achicamos, rellenamos, estiramos nuestro cuerpo. Experimentamos dietas, productos dietéticos, gimnasias. Nos sometemos a todas las modas posibles. Abusamos del juego de las apariencias intentando disimular el “tiempo”. La desesperación ante la pérdida de la juventud y de la belleza provoca una fijación infantil en la ilusión de eterna juventud y modernidad.

Y lo esencial, que es detenernos en el significado profundo del paso del tiempo, se nos va de las manos porque no podemos enfrentar la realidad si no es en la desesperación, la depresión o en una profunda decepción con la vida y con nosotros mismos.

Exigimos que la vida sea como nosotros queremos y pretendemos que sea, como la soñamos, como la imaginamos, como la idealizamos. Creemos que nos autoafirmamos en la insatisfacción y la queja cuando las cosas no son como nosotros exigimos que sean. Así es como no aprendemos, no crecemos, no maduramos, no evolucionamos y contribuimos a un sentido trivial de la vida. La vida no es lo que nosotros queremos que sea, la vida es lo que es. Y es lo que nos es dado cada día. En la aceptación y el aprendizaje de lo que nos es dado (nos guste o no), está nuestra evolución.

Se trata de aprender a recibir lo que la vida nos da. Y, también, aprender a recibir lo que la vida no nos da y sacar de esta experiencia de vivir el mayor provecho posible. La vida es extraordinariamente misteriosa e incierta. Convivimos con la incertidumbre, sabemos de la transitoriedad de todo lo dado, sin embargo, asumir nuestra vulnerabilidad como seres humanos resulta doloroso y difícil de “metabolizar”.

Todo lo que viene de fuera nos parece extraordinariamente atractivo y nos estimula: la velocidad, la agitación, el aturdimiento, la confusión, la inmediatez, el zapping, lo descartable, la alteración profunda de los valores, el pseudocambio, la frivolidad, la improvisación, la ausencia de compromisos profundos, la insignificancia. En síntesis, estamos más ocupados en formar seres ignorantes de la esencia de la vida y de la presencia permanente de la muerte, que en comprometernos en el crecimiento del individuo como sujeto, en su evolución personal.

Evitamos las crisis de pasaje, esos momentos o coyunturas vitales de transición y cambio en las que se pasa de un estado a otro. En esas crisis evolutivas la identidad atraviesa una profunda desestructuración que es la que luego va a permitir el cambio que acompaña el pasaje. Se trata de un proceso en el que se deviene otro. Se deja de ser aquello que siempre hemos sido para pasar a ser algo que todavía no sabemos qué va a ser.

Este pasaje implica reconocernos como naturaleza, como proceso, como proyecto y como tarea. Las crisis de pasaje no son sencillas, son dolorosas y difíciles. Entrañan pérdidas, y, por lo tanto, duelos. Los ciclos de vida son ciclos de nacimiento, crecimiento, creación, reparación, deterioro, decadencia, muerte. La elaboración profunda de estas crisis de pasaje nos conducen a la madurez plena, profunda, auténtica. Ser maduros es “aprender a construir nuestra vida como un espacio compasivo, donde crecer, vivir y morir son ciclos evolutivos que enriquecen nuestra capacidad de amar” (S.Levine).

Nuestro conocimiento de la condición humana es superficial y está cargado de dogmas, convencionalismos y falsedades. Creo que pensar, hablar, reflexionar sobre la muerte es reflexionar sobre la vida. Cuanto más profunda y auténtica es mi conciencia de finitud, más amplia es mi conciencia de transitoriedad y vulnerabilidad.

Cuando empezamos a plantearnos la existencia desde dentro y no “de cara a la galería”, al exterior, al mundo de la farsa, modificamos también nuestros esquemas y nuestro modo de vivir, nos acercamos a otras realidades y sufrimientos y quizás todavía no comprendemos pero sí compadecemos el sufrimiento y nos sentimos capaces de acompañar a los que viven la enfermedad en su trayecto final.

En el trayecto final, el enfermo pasa (aunque no necesariamente) por una serie de fases. Esas son las secuencias en las que vamos a tratar de aliviarle con las esencias florales o con las esencias de cristales y esa pequeña experiencia es la que voy a intentar brindaros.

Es evidente que la forma en que nos dispongamos frente a la muerte definirá nuestro proceso de muerte, porque ¿qué es la muerte sino un nacer a otra cosa? Así es como lo plantea la doctora E. Kübler-Ross cuando dice que la muerte no es más que un pasaje hacia otra forma de vida.

Las etapas que se han estudiado como de aceptación de la muerte no se dan rigurosamente como una secuencia invariable. Lo realmente importante es que a través de estas etapas, Kübler-Ross ha sabido plasmar una anatomía psíquica de la muerte, acompañada de todo un carácter emocional y ahí es donde las esencias tienen un gran papel a desempeñar.

La primera etapa suele ser la de la IGNORANCIA:

Durante este período inicial, al paciente ignora que su enfermedad tiene un desenlace fatal y, en consecuencia, al menos presumiblemente, no le crea dificultades. No obstante, las dificultades en torno a él ya han comenzado –aparece la conspiración del silencio- y se harán conscientes en un momento determinado.

Nettle flower full

En este instante sería bueno poder vaporizar el lugar donde se halla el enfermo con STINGING NETTLE porque ayuda a equilibrar hogares agitados y perturbados y porque aporta solidaridad, sosiego y sensación de refugio. CUARZO ROSA, porque aporta armonía.

Los pacientes suelen permanecer en este estado durante un cierto tiempo, muchas veces largo, hasta que poco a poco la inseguridad toma cuerpo y se establece la aceptación. Esta aceptación puede llegar después de un largo proceso en el que descubrimos diferentes estadios.
En esta fase, SAGE nos permite reflexionar y aprender, cuando la persona cree que ha desperdiciado su vida, cuando hay victimismo. Ayuda a hacer las paces con la propia vida. Aporta discernimiento.

MULLEIN nos ayuda a conectar con la voz interna de la moral para evitar el engaño.
El CRISTAL DE ROCA nos permite limpiar el “circuito” interno, afinar y ser honestos con nosotros mismos y, por supuesto, con los demás.

INSEGURIDAD:

La inseguridad se caracteriza por la presencia de esperanza y expectativa de curar y, a la vez, en otros momentos, por un miedo y una tristeza inmensos y se produce un constante cambio de ánimos.

Con todo, la enfermedad progresa: el enfermo se da cuenta y va de la desilusión hacia la desesperación, manteniendo a menudo una fachada que nos engaña y que, ocasionalmente, cuenta con nuestra aprobación.

El paciente terminará por responder al silencio del entorno con su propio silencio, a la actitud engañosa con el conformismo. De este modo el silencio protege a unos y a otros, pero amenaza las posibilidades de comunicación. El diálogo con el enfermo puede llegar a ser difícil.

Columbine

En este momento podemos pensar en:
AGRIMONY para esa fachada que nos engaña, eso que trata de enmascarar, ocultar y le produce ansiedad.
SCLERANTHUS para el cambio constante de ánimo, de un extremo al otro.
ALMOND, porque aporta esperanza, vitalidad.
COLUMBINE también puede ayudar porque aporta seguridad, aprecio por uno mismo cuando hay indecisión o bloqueos para la manifestación.
EUCALYPTUS, porque suaviza la aflicción, la inestabilidad (oscilación, inseguridad).
PEAR, es un remedio de emergencia y procura habilidad en el manejo de las crisis. Da estabilidad en momentos de grandes cambios o de experiencias traumáticas.
OJO DE GATO es una esencia que proporciona serenidad, paz interior y fortaleza para superar las dificultades.
CRISOPASA contiene la esencia de la esperanza. Cuando se ha perdido la fe o se duda de la evolución de la enfermedad.
AZURITA fortalece la fe, aporta armonía y seguridad.
CRISOCOLA, elimina los miedos, la inseguridad, el sentimiento de culpa.
En todo el proceso VICTORIA REGIA (o WATER LILY – Nymphaea alba – en el sistema de la F.E.S.), o bien TRÁNSITO, son las esencias insustituibles. No sólo para el paciente, también para el entorno; bien sea tomada o pulverizada en el ambiente.

Etapa de la NEGACIÓN:

Cuando una persona se entera de que sufre una enfermedad moral su primera reacción es la NEGACIÓN, aquel mecanismo de defensa que ante la evidencia nos hace decir: “no, no puede ser”. La persona se convence de que ha habido errores en los resultados del laboratorio, en las radiografías y cambia de médico para obtener otra respuesta. La negación es un mecanismo normal que nos ha acompañado a lo largo de toda nuestra vida en relación al tema de la muerte (y también al de otras evidencias).

La negación permite una tregua entre la psiquis y la realidad, le otorga el tiempo al individuo para pensar su muerte de manera más distanciada. La negación constituye un mecanismo de amortiguación del efecto que ha asaltado el psiquismo de forma tan abrupta.

En este momento puede pasar por fases de:

SUPRESIÓN: mecanismo mediante el cual el sujeto evita pensar en los problemas, deseos, sentimientos o experiencias perturbadoras;
REPRESIÓN: para hacerse incapaz de recordar o darse por enterado.
DISOCIACIÓN: alteración de las funciones de integración de la conciencia o la identidad.
PROYECCIÓN: mecanismo por el que atribuye a los demás sus propios sentimientos, impulsos o pensamientos sin reconocerlos.

Esta fase de NEGACIÓN es en realidad un conjunto de estrategias de afrontamiento de una realidad dolorosa que continuarán mientras esta realidad persista y que se movilizan ante la perspectiva de la muerte en un intento de manejar la angustia que conlleva.

La NEGACIÓN es un mecanismo de uso cotidiano, tanto en el enfermo como en el sano. Esta fuga de la realidad, permite entrar en el mundo de la fantasía (mundo mágico) y, generalmente, es una forma de autodefensa.

En esta fase podemos pensar en una serie de esencias florales:

STAR OF BETHLEHEM, por el fuerte sentimiento de angustia, por el shock, el trauma, el desgarramiento interior;
FIREWEED cuando todavía hay posibilidad de reconstrucción, de regeneración frente al desgaste y el desequilibrio energético.
MULLEIN, por la incapacidad para escuchar la propia voz interior; debilidad, confusión, indecisión, por intentar engañarse a sí mismo o a los demás.
FORGET-ME-NOT, en el aislamiento, la desconexión porque amplifica la conciencia y permite la conexión con los seres queridos (presentes o ausentes). Aporta conciencia de los aspectos kármicos de nuestras relaciones personales y afina la conciencia sutil.
JASMINE para la inautenticidad. Favorece la asimilación de lo bueno.
QUEEN ANNE’S LACE, por la falta de objetividad en la conciencia psíquica; por la distorsión en la percepción; permite el discernimiento ya que favorece la percepción y la visión espiritual.
SCARLET MONKEYFLOWER, por el temor a mostrar las emociones intensas y la incapacidad para resolver conflictos de ira y de impotencia por miedo al descontrol.
CHRYSANTHEMUM, por el miedo a la mortalidad, para aferrarse a lo material, a lo físico, cuando no hay posibilidad de muerte inmediata.
PENNYROYAL, para purificar las formas de pensamiento negativo.

Aguamarina

Y entre las esencias de cristales he trabajado con:

AGUAMARINA, porque reduce miedos, desorientación y posee cualidades estabilizadoras. Ayuda a superar estados depresivos y melancólicos;
BLENDA ACARAMELADA, en el desamparo, cuando hay necesidad de protección.
CUARZO CITRINO, porque ayuda a superar alucinaciones sensoriales y a soportar que el día pase lento, como una pesada carga.
CUARZO ELESTIAL, porque neutraliza los estados de ansiedad, nerviosismo y depresión.
OBSIDIANA NEGRA, para la asunción de los cambios drásticos. Cuando todo se tambalea nos da un punto de apoyo. Cuando hay inseguridad.
MAGNETITA, en estados de decaimiento. Aumenta la vitalidad y los deseos de vivir. Es útil “magnetizar” el agua que bebe el enfermo añadiendo unas gotas de esta esencia.

IRA-RESENTIMIENTO:

Cuando el enfermo acepta por fin la realidad se rebela contra ella y nace la pregunta ¿por qué yo? La envidia comienza a corroer el alma, “qué injusto es que me haya tocado a mí morir”. Aparecen deseos de tener la vida de los demás, la ira inunda todo su entorno, nada le parece bien, nada le conforma. Todo lo que ve le produce un agudo dolor, recordar su condición le inunda de odio y rencor. Esta etapa se caracteriza por la negación de Dios, por los insultos. Siente que su autoestima está atropellada por no ser él el elegido para permanecer en la vida. Los enfermos en esta etapa necesitan expresar su rabia para liberarse de ella.

Una vez que la enfermedad progresa o los signos y síntomas cobran relevancia, uno de los mecanismos de defensa para protegerse de lo que el enfermo considera un “fracaso” de sí mismo y de su destino cruel e injusto es una reacción de violencia contra el entorno: la familia y el equipo que le asiste. Trata de endosar la culpa y busca a quién recriminar, inculpar, retraer o acusar de su situación. Es una estrategia de afrontamiento de la realidad muy respetable.

Esta agresividad es, en un principio, heterogénea: el resentimiento es proyectado hacia otras personas aunque el enfermo no tenga razones para dirigirlo hacia ellos: existe un mal trato para todo aquel que rodea al enfermo. El paciente arremete contra los que más quiere precisamente porque son los elegidos para su comunicación. Es frecuente el sarcasmo, regaños desproporcionados, quejas y reclamos por lo más mínimo, se torna irritable, susceptible, herido, en permanente intemperancia. Hipercrítico, intolerante, duro y hasta cruel. Cualquier nimiedad le enfada, grita, se encoleriza y hace la vida imposible a aquellos que le rodean. En el caso extremo, regresiona y se ensucia, se abandona y rehúsa reaccionar.

Finalmente la agresividad se torna en rebeldía contra el inevitable final de su vida; en el fondo se trata de la voluntad de vivir que todo hombre lleva en sí.

Mountain devil

En esta fase pensaríamos en esencias de flores como:

HOLLY, celos, envidia, ira, sospecha (conspiración del silencio). Enojos.
WILLOW, resentimiento, amargura, “la vida es injusta”, “soy una víctima del destino”. Rencor.
BROMELIA SIN FLOR, esencia que trabaja los rencores y resentimientos; es una esencia de amplio espectro para tratar los aspectos antiguos y los actuales.
IMPATIENS, para el fácilmente irritable o con reacciones sobredimensionadas.
PENSTEMON, sentimientos de autocompasión, incapacidad de salir adelante. Incapacidad de sobrellevar las circunstancias difíciles de la vida.
SAGE, ver la vida de forma desgraciada o como un mal destino no merecido; incapacidad de percibir el significado y propósito superior de los acontecimientos de la vida. Cuando necesitamos extraer sabiduría de lo vivido y revisar el proceso de la vida.
MOUNTAIN DEVIL, odio, rabia, rencores guardados, desconfianza.
HYSSOP para esas culpas viejas y profundas, en la rabia, la tristeza. Para rechazar el sentimiento de que algo malo tiene que suceder.
SOUTHERN CROSS, mentalidad de víctima, quejoso, amargado, mártir, conciencia de pobreza en el sentido de “pobre de mí”.
MAGNOLIA, para los quejosos e infelices que dramatizan todo. Para la autocompasión.
CHAMOMILE, en momentos de malhumor, irritabilidad.
OREGON GRAPE, para los querellantes, peleadores, discutidores, desconfiados. Permite descubrir las buenas intenciones de los demás.
PUSSY PAW, para la irritabilidad y la impulsividad.

Entre los cristales:
CINABRIO, la rabia profunda, envidia, irritabilidad, malhumor, “bronca”.
AZUFRE, amargura, es el drenador de la amargura.
TURMALINA AZUL, para serenar la mente agitada, calmar la ira y animar la tristeza
TURMALIN A ROSA para erradicar el resentimiento
TURMALINA SANDÍA, porque propicia el perdón, consigue arrancar las “malas hierbas” de la conciencia y permite que en ella anide la fuente de amor universal.
CRISOPASA, para transmutar la envidia y la animadversión. Incita a un comportamiento amable.
CUARZO VERDE aumenta el sentido de la condescendencia y los buenos modales. Posee el rayo verde de la sanación.

Etapa de la NEGOCIACIÓN, REGATEO, PACTO O TRATOS CON EL DESTINO:

Se asume la condición pero aparece una tentativa para negociar el tiempo, se intenta hacer un trato. Los adultos en esta etapa se vuelven regresivos pidiendo tiempo a cambio de buena conducta.

La mayoría de estos pactos son secretos y sólo quienes los hacen tienen conciencia de ello. El enfermo puede estar de forma alternante en la fase de rebeldía y depresión y trata de negociar la situación que lo amenaza con la expectativa próxima de la muerte, lanzándose a pactar con cualquier solución desesperada que le permita un indulto o un aplazamiento temporal o cambio en su destino. No importa lo que prometa el paciente, el significado de esta fase es que el enfermo por primera vez tiene el valor de mirar de frente los acontecimientos.

En la práctica la NEGOCIACIÓN va desde un intento de entendimiento directo con la divinidad, a la que se pide la salud o la cronicidad suficiente, hasta el intento más realista de obtener la mejor atención posible del equipo asistencial; si por suerte consigue un éxito en la primera negociación, planteará otro pacto para obtener una nueva moratoria; en caso contrario se presenta un breve período de rebeldía o irritación.

Houndstonge

Entre las esencias de flores pensaríamos en:

GLASSY HYACINTH, para la resurrección después del descenso a los infiernos. Libera traumas, sentimientos de crueldad y oscuridad del alma. Para enfrentar la oscuridad y sembrar amor donde había odio.
PURPLE MONKEYFLOWER, por el miedo a las experiencias espirituales; miedo a la censura cuando uno se aparta de las convicciones religiosas.
ANGELICA, por la sensación de sentirse separado, aislado, privado de la guía y protección espirituales. Para poder sentir protección en las experiencias de umbral.
HOUND’S TONGUE, para personas muy materialistas apegadas a sus posesiones. Los del “ver para creer”.
BUSH IRIS, por el miedo a la muerte (ayuda en el tránsito hacia la muerte).
TRILLIUM, para personas materialistas, ávidas, codiciosas, engañadoras, tramposas, que “no sueltan”.
ONION, estimula la descarga. Permite llorar y que las emociones afloren.
Entre las esencias de cristales:
CRISTAL DE ROCA, porque activa la relación interdimensional (con el Yo Superior y los espíritus guía).
EPIDOTO, porque muestra la senda de la transmutación.
PERIDOTO-OLIVINO, disipa la inseguridad espiritual. En estados nerviosos y depresivos. Eleva la conciencia.
AZABACHE refuerza el instinto de seguridad. Favorece la aceptación de la responsabilidad personal y la constancia (es óptima para tomar la medicación prescrita).

DEPRESIÓN:

Esta fase se inicia cuando se tiene conciencia de que todos los pasos anteriores fracasan ante el desarrollo de la enfermedad que provoca la invalidez, dolores u hospitalizaciones continuas. La depresión es producto de lo ya perdido, pero también un proceso de preparación ante la propia muerte.
En esta etapa es importante para el enfermo expresar la profundidad de su angustia en vez de esconder su dolor.
Cuando el enfermo adquiere la certeza de que nada le curará, de que sus negociaciones iniciales han sido infructuosas, de que está perdiendo poco a poco sus fuerzas, que el tratamiento ya no actúa de la misma forma, que el entorno se convulsiona progresivamente y comprueba personalmente las deficiencias de su organismo, entra en lo que se ha dado en llamar “depresión reactiva o preparatoria”. Esta reacción es una expresión normal del duelo que el paciente está llevando y que se relaciona con su vida privada.
En tal estado de decaimiento, cuando el enfermo ya no ve posibilidades –su vida se acaba y todo se está perdiendo- suele encerrarse en sí mismo y los intentos por restablecer un diálogo fluido con él usualmente fracasan. La DEPRESIÓN suele ser el período que antecede a toda aceptación de la muerte, hecho común y normal en el final de la existencia y relacionada con el abandono de todos los objetos amados, reales o imaginarios.

Waratah

Dependiendo del momento pensaríamos en las diferentes esencias para la depresión que conocemos:

GENTIAN para el pesimismo, el escepticismo, el desaliento.
WARATAH, por la desesperación extrema, por la incapacidad de afrontar la crisis, por la desesperanza.
KAPOK BUSH, en el momento de apatía, resignación, desánimo, descorazonamiento.
STURT DESERT PEA, para liberar el dolor y las tristezas más profundas, el pesar emocional
GREY SPIDER FLOWER, para el terror y el miedo a todo lo sobrenatural.
BORAGE para la pesadumbre, la congoja, la angustia.
WILD ROSE o CALIFORNIA WILD ROSE, para la apatía, la resignación, el desinterés, la renuncia interna.
GORSE para la desesperanza.
SCOTCH BROOM, desesperanza, depresión, pesimismo.
PINE, para el sentimiento de culpa, de desaliento, para el autorreproche.
SWEET CHESTNUT para la sensación de estar al límite de lo soportable.
WHITE CHESTNUT, cuando hay un diálogo interno torturante que da vueltas y más vueltas.
Entre las esencias de cristales:
CUARZO AMATISTA porque consuela en el dolor, proporciona alivio en los momentos de angustia. Calma las emociones violentas y la rabia. Porque posee el rayo violeta alquímico de la transmutación.
CUARZO AMETRINO, porque calma la mente y el espíritu.
ÁGATA BOTSWANA, cuando se ha tirado la toalla. Hay desesperanza, falta de metas y objetivos, intensa apatía.
ÁGATA ENCAJE, para que ayude a trascender patrones internos.
ANDALUCITA, para aquellos que se sienten al límite de su resistencia física, psíquica o espiritual, o en estado de extrema desesperación.
FLUORITA VIOLETA, porque posee cualidades transmutadoras y catalizadoras de los sentimientos negativos.
JACINTO DE COMPOSTELA, aporta sentido de lucha por la conservación en estados de extrema debilidad y cuando las ideas fijas nos producen insomnio.
OBSIDIANA NEVADA, en estados de nerviosismo, ansiedad y decaimiento.
ÁMBAR ayuda a sobrellevar las dificultades y las pruebas de la vida. Acrecienta la confianza.

ACEPTACIÓN – RENDICIÓN:

Requiere que la persona haya tenido el tiempo necesario para superar las fases anteriores. El paciente ha comenzado a morir, a renunciar a su vida en paz y armonía, en esta etapa no hay ni felicidad ni dolor, sólo paz, el dolor está en quienes rodean al enfermo, éste sólo desea el silencio para terminar sus días con un sentimiento de paz consigo mismo y con el mundo.

Se ha descrito tradicionalmente como el último período del ir-muriéndose. La aceptación del morir no es un fenómeno bien definido y de límites precisos; por el contrario, se trata de un acontecimiento lentamente progresivo en donde el enfermo poco a poco va alcanzando una especie de desprendimiento frente al mundo y a la vida; es decir, no es algo espontáneo ni carente de sufrimiento. La aceptación de la muerte no quiere decir que el paciente vaya a recibirla como a un huésped al que le da la bienvenida; más bien, el enfermo ya es capaz de captar su situación y está dispuesto a aceptar sus consecuencias. Su conformismo prácticamente nunca significa que se sienta feliz con la aceptación; es una aceptación en el sentido de ceder en la lucha por la vida, de adaptarse y estar dispuesto positivamente para lo inevitable. Tal aceptación no excluye toda esperanza. El sujeto busca cerrar poco a poco su existencia de un modo más o menos visible para el entorno; ni le deprime ni le enoja su destino. No es una fase de felicidad pero si de desprendimiento afectivo (decathexis) en la cual es probable que colaboren factores estrictamente corporales (agotamiento psicofísico, somnolencia, trastorno metabólico, etc.)

La ACEPTACIÓN de la muerte es un fenómeno que exige diversos factores entre ellos las creencias, la maduración y el tiempo suficiente como para permitir el lento desprendimiento afectivo que “libera” al individuo de sus ataduras y, consecuentemente, a las pérdidas reales o fantaseadas. Es el momento en que algunos enfermos hacen balance de su vida. Este proceso de “volver a ver la vida” (la mnesis) suele pasar desapercibido para el entorno a menos que el asistente esté interesado y estimule al paciente a revivirlo conjuntamente.
Es un momento en que el asistente puede intentar ayudarle en la fase del perdón, a sí mismo y a los suyos.

Tampoco debe forzarse al enfermo a llegar a la aceptación pues es otra forma de violentarle. Si el enfermo se rebela y no acepta morir hay que permitir que siga siendo él mismo y también hay que permitirle llorar, gritar y protestar si así lo desea.
En el fondo persiste siempre un cierto nivel de negación y tristeza como elementos característicos del ir-muriéndose; la rebeldía y la negociación suelen disminuir hasta prácticamente desaparecer muy al final, horas o días antes de morir; la ira-resentimiento suele disminuir a medida que decrece la conspiración del silencio y aumenta la conciencia de enfermedad potencialmente fatal, para luego decaer y prácticamente desaparecer cuando la aceptación, la rebeldía y la negociación comienzan a dominar la escena.

Entre las esencias florales pensaríamos en:

ANGEL’S TRUMPET, por el miedo a la muerte, por la resistencia a dejar la vida o a cruzar el umbral espiritual. Por la negación de la realidad del mundo espiritual.
WALNUT para romper con situaciones que son resultan difíciles, para facilitar el cambio.
CLEAR LIGHT, para tener la mente luminosa y confianza en el tránsito.
ANGELICA aporta equilibrio entre lo espiritual y lo terrenal. Protege en situaciones de transición, convoca a nuestro ángel protector.
SAGEBRUSH para vivir la autenticidad y abandonar lo ilusorio. Para liberar aquello que ya no es útil ni necesario. Para desapegarnos de los seres que amamos.
ASPEN, para los temores vagos, premoniciones, el temor ante la amenaza de una desgracia.
SAINT JOHN’S WORT para esa vaga ansiedad y aprensión, para los miedos ocultos, pesadillas. Para la depresión por falta de Luz.
ROCK ROSE, pánico, temor, miedo profundo, miedo a la muerte, a la aniquilación.
SCLERANTHUS, vacilación, indecisión, confusión, duda entre dos opciones “me voy o me quedo”.
PASSIONFLOWER aporta serenidad y estabilidad. Abre la conciencia a niveles superiores, relaja las tensiones (físicas, mentales y emocionales).
PAPAYA para entrar en contacto con el Yo Superior y con los planos espirituales más elevados.
RUE para desprender la negatividad y para la limpieza y reconstrucción del aura.
FIG para miedos profundos muy arraigados.
VICTORIA REGIA, WATER LILY o TRÁNSITO, como ya ha quedado dicho, son de un valor inestimable. no sólo son útiles y necesarias para el paciente sino para pulverizar en el ambiente. Su efecto es extraordinariamente benéfico para que el enfermo pueda soltarse y también para que los parientes le dejen marchar en paz.

Ágata musgosa

Entre las esencias de cristales y gemas:

ÁGATA MUSGOSA, para el arraigo cuando todavía no ha llegado el momento del traspaso. Revitaliza tras una larga enfermedad.
ALEJANDRITA, es el remedio a la nostalgia, a la melancolía. Para cortar dependencias.
CORAL, para el miedo a la muerte. Para asistir al moribundo y a las personas que le rodean, también es bueno para vaporizar.
CUARZO AHUMADO, eleva la conciencia y facilita la conexión con los espíritus guía. Purifica el aura de energía negativa.
DAMBURITA, une al Ser con su conciencia crística. Abre el sexto centro hacia los cuerpos de luz. Conecta con los seres angélicos. Favorece la clarividencia.
LABRADORITA, en la fase de crisálida, cuando el ser se abandona para el nuevo nacimiento. Facilita el vuelo de la mariposa hacia su libertad. Proporciona seguridad en uno mismo. Es una esencia que ilumina y expande la conciencia y permite la comprensión de la propia realidad. Facilita la intuición y la inspiración. Equilibra el campo áurico y lo restaña de fugas energéticas.
SUGILITA porque contiene el rayo púrpura celestial que nos ayuda a valernos de los recursos del alma y alinearnos con el Yo inmortal.
FLUORITA CRISTAL porque instaura en nosotros la luz cristalina del renacimiento y nos conecta con el cuerpo de luz.

En todas las etapas. KARMA CLEAR para liberar karma, CRISTAL DE ROCA para liberar cargas y aportar luminosidad y TURMALINA NEGRA para absorber la energía negativa y transmutarla. Puede pulverizarse el ambiente. Como en otros casos, es buena no sólo para el enfermo sino también para los familiares, cuidadores, en todos los ambientes que están cargados.

Desde hace un tiempo utilizo la fórmula magistral TRÁNSITO, de la que ya he hablado anteriormente, desde el inicio del proceso. Es una esencia que está en experimentación. Se compone de siete esencias de cristales que son:

ÁGATA MUSGOSA, para trascender patrones.
ALEJANDRITA, para cortar dependencias.
CORAL, por el miedo a la muerte.
DAMBURITA, porque une al Ser con la conciencia crística.
SUGILITA, porque posee el rayo púrpura de la transmutación.
LABRADORITA, para el paso de crisálida a mariposa.
FLUORINA CRISTAL, esencia cristalina para conectar con el cuerpo de luz.
A pesar de las valiosísimas herramientas de que disponemos, el cómo ayudar a las personas a resolver la muerte constituye una tarea ardua y más aún en una sociedad donde la muerte se suele ocultar.

Todos sabemos que el sentido de la muerte se encuentra en la vida misma, en cuanto sabemos que vamos a morir, dirigimos nuestros esfuerzos hacia la vida intensamente vivida, el morir nos enseña a amar, querer, recordar. La muerte es un espejo en el cual contemplamos nuestra vida entera.

La vida cobra sentido en cuando se revela como un tránsito, morir es cambiar de estado y el bien morir puede ser entendido en términos de desprenderse finalmente de todo lo material que nos confina a este mundo para facilitarnos el paso a la eternidad., a ese nivel de conciencia “otro”. El bien morir es estar dispuesto con humildad a despedirse de la vida, entregar la existencia que nos fue dada sin rencores ni arrepentimientos, sin culpa ni dolor.

La presencia de la muerte nos pone frente a nuestra responsabilidad que es la de hacer de la vida el sentido mismo de la existencia.

El nacimiento al plano físico y el nacimiento al plano espiritual (no físico), deben estar siempre rodeados de AMOR.

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